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domingo, 8 de noviembre de 2015

Netanyahu rompe la marca mundial del cinismo


 Maciek Wisniewski


Parecía difícil que Benjamin Netanyahu, el primer ministro israelí,
batiera su propio record de chutzpah (descaro, en hebreo y yidish; en  polaco: hucpa), una nefasta faceta personal –y estilo de hacer
política– en cuya crítica se especializa el viejo Uri Avnery (véase: A  world record for chutzpah, en Counterpunch, 16-18/8/13).

Pero lo logró. Y no sólo eso. Con un par de frases llevó también todo
el debate en torno al conflicto judío-árabe –incluso su entendimiento–
a otro nivel de demencia (y vaya, ya ha hecho mucho).

Pero... ¡qué frases! Los guionistas de Hollywood se morirán de
envidia. Los historiadores en todo el mundo, que por décadas –y sin
éxito– han tratado de ubicar el momento exacto en que Hitler oprimió
el botón de la solución final, querrán cambiar de profesión.

En la historia según Netanyahu todo ocurrió entre las 4:30 y las 5:45
de la tarde del 28 noviembre de 1941 en Berlín, durante el encuentro
entre el Führer y Haj Amin al-Husseini, el muftí de Jerusalén
(1921-1937) y líder nacional palestino. Según él, hasta aquel entonces
Hitler no quería exterminar a los judíos, sino expulsarlos (¡sic!),
pero el muftí lo hizo cambiar de idea (¡sic!):

–Si expulsa a los judíos, todos ellos vendrán aquí [a Palestina].

–Entonces, ¿qué debo hacer con ellos? –pregunta Hitler.

–Quemarlos –responde al-Husseini.

¡Uno de los grandes misterios de la historia resuelto en 20 segundos!
Sólo que... todo este diálogo es totalmente apócrifo, no está en los
documentos de la época (véase: What really happened when muftí met
Hitler, en Haaretz, 22/10/15) ni en ningún otro lugar, salvo la
imaginación de Netanyahu.

Dina Porat (Yad Vashem): es un completo disparate; Moshe Zimmerman
(Universidad Hebrea): es algo al borde del negacionismo; Tom Segev
(autor de Seventh million, sobre usos y abusos del Holocausto): es un
cuentito inoportuno.

Quizás sería algo sólo para reír, una buena escena en una comedia
sobre el Holocausto (¿con Bruno Ganz como Hitler y Roberto Benigni
como muftí?), si no fuera por el momento y contexto.

El desafortunado muftí al-Husseini que, exiliado en Europa,
oponiéndose al colonialismo británico y buscando garantías para la
Palestina independiente se alió con los nazis –pero nunca fue nada más
que un peón en su propaganda–, hizo su reaparición de las tinieblas de
la historia (¡con diálogo y todo!) en un ferviente discurso que
Netanyahu dio ante el Congreso Mundial Sionista en Jerusalén (video:
Haaretz, 21/10/15), celebrado en medio de una nueva ola de
enfrentamientos palestino-israelíes (con Jerusalén y la mezquita Al
Aqsa como centro).

El mismo día, fuerzas israelíes abatieron a cinco palestinos en
territorios ocupados y fue asesinado un colono israelí. En un mes
murieron más de 50 palestinos y unos 10 israelíes (la mayoría acuchillados).

Mencionar al muftí –instigador de los ataques a judíos en los años 20
(verdad) e instigador del Holocausto (mentira)– tenía dos propósitos:

1) aparentar que el motivo detrás de la actual revuelta palestina no
es el peso de la ocupación y el colonialismo, sino el viejo odio y
antisemitismo genocida (¡sic!) que se remonta incluso a la época pre
Israel, 2) y completar el paso de estafeta de miedo: después de que el
acuerdo nuclear con Irán le quitó a Netanyahu su principal arma
política –la bomba iraní bautizada por él como segundo Holocausto
(¡sic!)–, se pasó a tiradores de piedras (amenazados con 20 años de
cárcel), al terror de los cuchillos y finalmente a
“palestinos-artífices de la ‘solución final’” (¡sic!).

Nada nuevo bajo el sol.


La reciente chutzpah de Netanyahu es sólo otro caso de la vieja
operación que Idith Zertal llamó la nazificación de los palestinos
(véase: “Israel’s Holocaust and the politics of nationhood”, 2005) que
consiste en:

• La identificación de los palestinos desplazados por la creación de
Israel (1948) con el Holocausto mediante su transformación en amenaza
existencial, su deshumanización y demonización (reforzando la idea de
victimización judía y de Israel-país en estado de emergencia permanente).

• El desplazamiento temporal y espacial de amenaza nazi a los
palestinos y a Medio Oriente para justificar su desalojo y otras
prácticas coloniales (sobre todo después de la guerra de 1967).

• La normalización y legitimación del expansionismo provisto de un
argumento moral (los 6 millones...) y visto como medida preventiva
contra el nuevo Auschwitz.

Por si fuera poco, los palestinos también caen víctimas de una
transferencia del trauma.

Bien anota en este contexto David Hearst: con el paso del tiempo y las
nuevas generaciones, la rabia post Holocausto en Israel –igual que el
miedo un objeto de manipulación– crece y muta, pero su objetivo ya no
son los que realmente mataban: los alemanes, ucranios, letones o
polacos, sino... los palestinos (MEE, 21/10/15).

En la mayoría, las marchas de veteranos de las SS en Riga o marchas
con antorchas de neonazis ucranios y veteranos de OUN/UPA
corresponsables por la masacre de 34 mil judíos en Babi Yar en
septiembre de 1941, en la primera fase de la solución final (antes del
encuentro muftí-Hitler y sin que haga falta su incitación...), ya no
evocan la imagen del exterminio tanto como lo hacen las marchas de Hamas.

En fin: la sola idea de que Hitler era un antisemita despistado que
necesitaba preguntarle a al-Husseini qué hacer con los judíos es
absurda (y ahistórica).

Uri Avnery: “Hitler trataba su antisemitismo en serio y lo aplicaba a
todos los semitas. También detestaba a los árabes. Contrariamente a la
leyenda, sentía aversión al muftí… lo recibió una vez para la foto
pedida por la propaganda y no quiso verlo de nuevo”.

También contrariamente a la leyenda (propaganda sionista), en la
historia del mundo árabe no hubo casos de odio y persecuciones como
los de Europa culminados con la Shoah; al contrario: lo que hubo fue
–en general– entendimiento y coexistencia (The fallacy of rising
anti-semitism, en Counterpunch, 20-22/2/15).

Ayer el Holocausto fue una gran hecatombe; hoy, según Norman
Finkelstein (Why is Netanyahu trying to rewrite history?, en Al
Jazeera, 22/10/15), ya es sólo una shmata (trapo en yidish, del polaco
szmata) para todos los usos políticos del momento.

¿Qué es –desde el punto de vista histórico– lo más chocante en la
versión apócrifa del encuentro entre el gran muftí de Jerusalén Haj
Amin al-Husseini y Adolf Hitler (28/11/41) ofrecida por Benjamin
Netanyahu (véase: La Jornada, 30/10/15)?:

a) Blanquear a Hitler (“que sólo quería expulsar los judíos pero el
muftí le dijo de ‘quemarlos’”).

b) Absolver a los alemanes (que no eran tan malos ya que el Holocausto
fue incitado por los viles árabes).

c) Borrar a Europa del camino a Auschwitz (aparentando que la idea
vino de afuera y no existía hasta noviembre de 1941).

Todo: a), b) y c). Imagínense: ¡el primer ministro israelí dándoles la
mano a los negacionistas! Pero lo último resulta quizás más
perturbador. Piénsenlo: ¡como todos andaban (andábamos) equivocados!

Zygmunt Bauman, que analizó el Holocausto como producto de síntesis
única de varias tendencias de la modernidad europea ( La modernidad y
el Holocausto, 1989). Enzo Traverso, que estudió cómo la continuidad
histórica de la Europa liberal –desde la guillotina y la fábrica
capitalista, hasta las matanzas coloniales y la Primera Guerra Mundial
(sin olvidar el bien enraizado antisemitismo)– formó el universo
social y mental en que se engendró la solución final ( La violencia
nazi: una genealogía europea, 2002). Varios historiadores que
rastrearon la puesta en marcha de la máquina de la muerte hasta
mayo/junio de 1941, concluyendo que fue la fusión del antisemitismo
biológico nazi con las condiciones de guerra y estableciendo una línea
desde Mein kampf de Hitler (1929), su discurso sobre la destrucción de
la raza judía (enero de 1939), el Holocausto por balas: matanzas a
cargo de unidades móviles/ Einsatzgruppen (y sus ayudantes ucranios,
letones o lituanos), los primeros experimentos con cámaras de gas
(septiembre de 1941), hasta la operación Reinhard y la construcción de
campos de exterminio en Polonia (octubre de 1941). Incluso Raul
Hilberg, el más grande historiador del Holocausto, que en su opus
magnum de tres tomos le dedicó al muftí apenas... un pasaje ( La
destrucción de los judíos europeos, 1961).

¡Y ahora resulta que fue por la incitación palestina! Bueno: eso
quisiera Netanyahu.

Aunque Yad Vashem rechazó sus revelaciones, su propio modo de enseñar
historia no está lejos: la entrada sobre al-Husseini en su
Enciclopedia del Holocausto es dos veces más larga que la de Goebbels,
más larga que la de Himmler y Heydrich juntas y sólo un poco más chica
que la de Hitler. ¿ Cui bono?

Quisiera proponer una fórmula: si no se sabe de qué se trata, se trata
de la propaganda sionista.

Gilbert Achcar: manipular la figura del muftí sirvió ayer para hablar
de la corresponsabilidad palestina por la Shoah y justificar la
creación de Israel en su tierra ( The arabs and the Holocaust: the
arab-israeli war of narratives, 2010).

Joseph Massad: pintar al muftí como el partícipe del Holocausto sirve
hoy para presentar la resistencia palestina no como un proyecto
anticolonial, sino una reacción antisemita ( The persistence of the
palestinian question, 2006).

En esto andaba Netanyahu: pintando los últimos ataques palestinos no
como una reacción al colonialismo, sino viejo afán judeicida. Y cuando
se le acabó la pintura, dijo que lo que dijo... no era del todo cierto. ¡Uff!

Primero se retractó a medias (no quise blanquear a Hitler, pero
tampoco hay que disminuir el papel del muftí en el exterminio (¡sic!),
The Guardian, 21/10/15), luego casi del todo (“no quise crear la
impresión que fue él quien ideó la ‘solución final’, lo hicieron los
nazis sin influencia externa en junio de 1941”, The New York Times, 30/10/15).

Sólo que una vez nazificados los palestinos, cuando la foto de
al-Husseini con Hitler, el único propósito y producto de su reunión,
ya dio la vuelta al mundo, mandó otro mensaje: Este es el padre de la
nación palestina.

Uri Avnery: “Es ridículo bautizar al muftí como el ‘padre de la
nación’. En todos mis cientos de encuentros con los palestinos, desde
Arafat para abajo, jamás escuché una buena palabra de él (...) lo
describían como ‘patriota’, pero igual una persona de horizontes
estrechos (...) culpable por el desastre de 1948”, ( Counterpunch, 30/10/15).

Tampoco retiró su aseveración que al-Husseini fue juzgado en
Nuremberg. No. No fue juzgado. Ni allí, ni en ninguna otra instancia.
Tal vez debería.

Sirvió a los nazis con mensajes radiales dirigidos a los musulmanes en
la URSS. Ayudó a reclutar a los musulmanes bosnios para la 13 división
de las SS que luchaba contra los partisanos de Tito (y no estaba
involucrada en ningunas acciones antijudías). Una vez bloqueó un
transporte de Cruz Roja a Palestina con niños húngaros-judíos que
sabía que irían a Auschwitz, pero no fue artífice del Holocausto (los
alegatos de un ayudante de Eichmann que lo implicaba en su planeación
–y de dónde viene también la acusación– fueron rechazados por
historiadores como Yehuda Bauer por poco creíbles).

Al final murió tranquilamente en Beirut en 1974 y nadie se interesó
por él. Ni siquiera los propios israelíes que lo tenían al lado y que
sí se molestaron 10 años antes por el mencionado Eichmann hasta la
lejana Argentina.

En sus memorias, Abu Iyad, alto dirigente palestino, anota que unos
años antes de 1974 lo confrontó por su acercamiento a Hitler, error,
que condenamos inequívocamente ( My home, my land: a narrative of the
palestinian struggle, 1981).

Los disparates de Netanyahu, aunque productos de otro contexto, se
insertan en la oleada del revisionismo histórico derechista rampante
en Europa, agudizado por el conflicto en Ucrania y orientado a
rescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Al final, lo del revisionismo lo tiene en las venas: su padre (de
hecho: un historiador...) fue secretario de Vladimir Ze’ev Jabotinsky,
fundador del sionismo-revisionista inspirado por el fascismo italiano,
que apelaba por una postura más dura frente a los árabes.

Desde su fundación, Israel pasó por varias guerras (como la de 1967,
que lo volvió un régimen colonial), pero la historia de la Segunda
Guerra Mundial –y su manipulación– sigue siendo clave en la estrategia
de demonizar y justificar el despojo de los palestinos.

* Periodista polaco

Maciek Wisniewski*

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Exculpó Benjamín Netanyahu a Hitler del Holocausto?.


Transcripción de artículo publicado en Hispan TV

Sionismo, el verdadero aliado de Hitler



Las incendiarias declaraciones del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu exculpan a Adolfo Hitler del genocidio.
El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu tal vez desconozca que bajo la legislación europea relativa al revisionismo histórico en materia del Holocausto judío, sus incendiarias declaraciones exculpando a Adolfo Hitler del genocidio, pudieran ser constitutivos de delito al alinearse claramente con los más radicales revisionistas que al igual que él entienden que el Führer tan sólo pretendía expulsar a los judíos de Europa Central.
Sus absurdas declaraciones inculpando al Mufti de Jerusalén Haj Amin al-Husseini, de ser el verdadero responsable intelectual del Holocausto judío al incitar (según él) a Adolfo Hitler a adoptar la “Solución Final” contra los judíos, son absolutamente falsas y totalmente carentes de rigor histórico.
En el encuentro mantenido por el clérigo palestino y Hitler el 28 de noviembre de 1941 en Berlín, es claramente apreciable el interés del Fürher en su compromiso para combatir a la judería mundial, en tanto que el Mufti al-Husseini tan sólo expresa su preocupación por los intereses árabes en general y en el palestino en particular. En ningún momento al-Husseini (como se desprende de la transcripción oficial de dicho encuentro), hace mención alguna durante toda la conversación a la “quema de judíos” como intencionalmente ha sugerido el premier israelí.
La disparatada versión del revisionista Netanyahu ha sido ya rechazada por historiadores y políticos israelíes y palestinos, algunos de los cuales han llegado a señalar que dichos incongruencias no sólo pretenden trivializar sobre el Holocausto pero tendrían como objeto el caldear aun más el ambiente de confrontación entre lo más radical de la sociedad judía y el incipiente levantamiento popular palestino.
No obstante y si nos ceñimos a un absoluto rigor histórico obtendremos que la relación entre el III Reich y el sionismo en la Alemania Hitleriana, lejos del pretendido clima de persecución, era íntima.
Desde la subida al poder de Adolfo Hitler en 1933, el Nacional Socialismo apoyó al sionismo de manera significatica en el proyecto de emigración judía a Palestina. En la confluencia ideológica, ultanacionalista y un evidente entendimiento desde la perspectiva étnico/identitaria, el nazismo y el sionismo fortalecieron sus posicionamientos afines. El sionismo experimentó una importante progresión durante el nazismo. Publicaciones como el “Jüdische Rundschau” (periódico de la Federación Sionista en Alemania) incrementaron potencialmente sus ventas y la celebración en 1936 en Berlín de la Convención Sionista, dan cuenta de la expansión de la vida política de los alemanes sionistas en tiempos del III Reich.
Las SS eran particularmente entusiastas en su apoyo al sionismo. En 1934 una publicación interna de las SS recomendaba a sus miembros un apoyo incondicional y activo al Sionismo, tanto por parte del gobierno como del partido nazi, como la mejor herramienta para incitar a la emigración a Palestina de los judíos alemanes.
Leopold von Mildenstein, un importante oficial de las SS y Kurt Tuchler representante de la Federación Sionista alemana, realizaron juntos un recorrido de seis meses por Palestina para verificar el desarrollo y expansión de los asentamientos en territorio palestino. A su regreso, von Mildenstein publicó a finales de 1934 una serie de doce artículos para el importante diario berlinés Der Angriff, donde el oficial nazi expresaba su admiración por los extraordinarios logros de los colonos sionistas en Palestina. El periódico berlinés emitió un medalla conmemorativa de dicha visita en la que se exhibía en una cara la Swastika (cruz gamada nazi) y en la otra cara la estrella de David, como muestra de los estrechos lazos entre el sionismo y el nazismo.

Cruz gamada nazi

Los servicios de seguridad de Himmler (jefe de las SS y Gestapo) colaboraron con la Haganah (escuadrones paramilitares terroristas judíos en Palestina) dirigiendo la emigración judía a Palestina así como entregas secretas de armamento alemán a colonos judíos para su uso en enfrentamientos con la población árabe palestina.
En enero de 1941 otra banda criminal judía, el Lehi o Stern Gang (escisión de otro grupo paramilitar sionista, “Irgun Zvai Leumi”), comandada por Avraham Stern, sometió una propuesta formal de alianza político-militar con la Alemania nazi a través de Otto Werner von Hentig, cónsul alemán en Beirut.
Lo que resulta ciertamente paradójico es que estos grupos terroristas judíos participaran activamente en la guerra del lado alemán, cuando ya eran conocidas las deportaciones masivas de judíos de Europa central y el exterminio de judíos por parte de régimen nazi ya había dado sus primeros pasos con masivas masacres en Lituania. La explicación estaría en el hecho de que el movimiento sionista es laico/reformista (el padre del sionismo, Theodor Herlz era ateo), mientras que la mayoría de las víctimas del Holocausto eran judíos ortodoxos Jaredis opuestos al sionismo y al establecimiento del estado de Israel, por lo que muchos se negaron a participar del proyecto nazi-sionista de emigración masiva a Palestina. Hoy en día la comunidad judía Jaredí es una de las más odiadas en Israel.
Pero lo que sí se le puede achacar al Netanyahu historiador es el hecho de desconocer la misma historia del partido político en el que milita, el Likud, de este partido llegó a decir Albert Einstein (ilustre judío) en una famosa carta”… un partido político con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales, a los partidos nazi y fascista.“
El Likud, una formación fundada bajo inspiración de uno de los padres fundacionales de la entidad sionista, Zeev Jabotinsky no deja indiferente a nadie. “Hitler Jabotinsky” como lo denominaba Ben Gurion, fue el instigador del sionismo revisionista del que surge el grupo terrorista judío de extrema derecha Irgun Zyai Leumi, tristemente célebre por sus innumerables masacres contra poblaciones palestinas en los años ´40.
Jabotinsky era un admirador de la Alemania nazi pero sobre todo de la Italia fascista, Mussolini llegó a decir de él en 1935, “…Para el éxito del sionismo, necesitais tener un estado judío con una bandera judía y una lengua judía. La persona que verdaderamente entiende eso es vuestro fascista, Jabotinsky.”
Benzion Netanyahu, padre y mentor político de Benyamin Netanyahu, fue en los años´30 secretario personal de Zeev Jabotinsky. Benzion Netanyahu pronunció en 1998 un discurso conmemorativo del 50 aniversario del nacimiento de Israel, donde elogió la figura de
Abba Achimier, (un estrecho colaborador de Jabotinsky que abrazó el Nazional Socialismo de Hitler, por “salvar a Alemania de la Guerra civil y la dictadura soviética”),el progenitor del benjamin de los Netanyahu no tuvo reparo en alabar públicamente a este sionista como su modelo político a imitar.
La palabra “Holocausto” es un término bíblico que significa “sacrificio”, ¿porqué el uso de “sacrificio” para denominar un genocidio? La respuesta según algunos investigadores residiría en que el movimiento sionista internacional habría sacrificado a los judíos europeos en el Holocausto para cumplir escrupulosamente una siniestra agenda geo-política que se granjeara simpatía, culpa y compensación financiera internacionales, con el objeto de legitimar un “Hogar Nacional Judío” en tierra árabe, un proyecto inviable sin el trasfondo victimista del Holocausto.
Netanyahu lo sabe bien, por eso su reciente intento de reescribir una historia donde su entorno más cercano jugó un papel tan vergonzante, erra al abrir la caja de Pandora de las miserias sionistas.
Alberto García Watson, Beirut

viernes, 8 de agosto de 2014

Condena judía de sobrevivientes del holocausto y sus descendientes

Como sobrevivientes judíos y descendientes de los sobrevivientes del
genocidio nazi condenamos inequívocamente la masacre de palestinos en
Gaza, la ocupación actual y la colonización de la Palestina histórica.
 
Nosotros, además, condenamos a los Estados Unidos por proveer apoyo
financiero a Israel para el ataque  y a los estados occidentales por
usar su fuerza diplomática para proteger a Israel de las condenas. El
Genocidio comienza con el silencio del mundo.
 
Estamos alarmados por la deshumanización extrema y racista de los
palestinos en la sociedad israelí, que ha alcanzado un punto
culminante. En Israel, los políticos y los expertos del Times de
Israel y The Jerusalem Post han pedido abiertamente el genocidio de
los Palestinos y derechistas israelíes están adoptando insignias Neo-Nazi.
 
Además, estamos asqueados e indignados por el abuso de Elie Wiesel de
nuestra historia en estas páginas para promover flagrantes falsedades
para justificar lo injustificable: el intento de Israel para destruir
a Gaza y el asesinato de casi 2.000 palestinos, entre ellos cientos de
niños. Nada puede justificar el bombardeo de refugios de la ONU,
casas, hospitales y universidades. Nada puede justificar privar a la
gente de electricidad y agua.
 
Debemos levantar nuestras voces colectivas y usar nuestro poder
colectivo para poner fin a todas las formas de racismo, incluyendo el
actual genocidio del pueblo Palestino. Llamamos al fin inmediato del
asedio y bloqueo de Gaza. Llamamos para un boicot económico, cultural
y académico de Israel. "Nunca más" debe significar ¡NUNCA MAS PARA CUALQUIERA!
 
Firman,
 
Hajo Meyer, sobreviviente de Auschwitz, Los Países Bajos.


Henri Wajnblum, sobreviviente y el hijo de la víctima del genocidio
Nazi, Francia.

Renate Bridenthal, niño refugiado de Hitler, nieta de víctima de
Auschwitz, Estados Unidos.

Marianka Ehrlich Ross, sobreviviente de la limpieza étnica Nazi en
Viena, Austria. Ahora vive en Estados Unidos.

Annette Herskovits, sobrevivió en la clandestinidad en Francia y su
hija de padres que fueron asesinados en Auschwitz, vive en Estados Unidos.

Irena Klepfisz, sobreviviente de niños del Gueto de Varsovia. Ahora
vive en Estados Unidos.

Karen Pomer, nieta del miembro de la resistencia holandesa y
sobreviviente de Bergen Belsen. Ahora vive en los Estados Unidos.

Hedy Epstein, sobreviviente enviada a Inglaterra en "Kindertransport",
los padres y miembros de la familia murieron en Auschwitz, sólo su
abuelo sobrevivió. Ahora vive en Estados Unidos.

Lillian Rosengarten, sobreviviente del Nazi del Holocausto, vive en
Estados Unidos.

Suzanne Weiss, sobreviviente de niño en "Kindertransport", Francia.
Ahora vive en Canadá.

H. Richard Leuchtag, sobreviviente, vive en Estados Unidos.
Ervin Somogyi, sobreviviente e hija de sobrevivientes, vive en Estados Unidos.
Liliana Kaczerginski, hija del combatiente de la resistencia de Gueto
de Vilna, vive en Francia.

Meyer Jean Claude, hijo de Marcel, disparado como rehén por los Nazis,
cuya hermana y padres murieron en Auschwitz. Ahora vive en Francia.
Chava Finkler, hija de sobrevivientes del campo de trabajo
Starachovice, Polonia. Ahora vive en Canadá.

Micah Bazant, hijo de un sobreviviente del genocidio Nazi, vive en
Estados Unidos.

Sylvia Schwartz, hija y nieta de sobrevivientes del genocidio Nazi,
vive en Estados Unidos.

Margot Goldstein, hija y nieta de sobrevivientes del genocidio Nazi,
vive en Estados Unidos.

Ellen Schwarz Wasfi, hija de sobrevivientes en Viena, Austria. Ahora
vive en Estados Unidos.

Lisa Kosowski, hija del sobreviviente y nieta de las víctimas de
Auschwitz, vive en Estados Unidos.

Daniel Strum, hijo de un refugiado procedente de Viena, que, con sus
padres se vieron obligados a huir en 1939, sus abuelos maternos fueron
perdidos, vive en Estados Unidos.

Bruce Ballin, hijo de sobrevivientes, algunos familiares de los padres
murieron en campos, un pariente decapitado por estar en el grupo de
resistencia Baum, vive en Estados Unidos.

Rachel Duell, hija de sobrevivientes procedentes de Alemania y
Polonia, Estados Unidos.

Raphael Cohen, nieto de sobrevivientes judíos del genocidio Nazi, vive
en Estados Unidos.

Emma Rubin, nieta de un sobreviviente del genocidio Nazi, vive en
Estados Unidos.
Alex Safron, nieto de un sobreviviente del genocidio Nazi, vive en
Estados Unidos.

Danielle Feris, nieto de una abuela polaca cuya familia murió en el
Holocausto nazi, vive en Estados Unidos.

Jesse Strauss, nieto de polacos sobrevivientes del genocidio Nazi,
vive en Estados Unidos.

Anna Baltzer, nieta de sobrevivientes del genocidio Nazi, miembros de
la familia perecieron en Auschwitz (grand-sobrina de miembros de la
resistencia belga), vive en Estados Unidos.

Abigail Harms, nieta de superviviente del Holocausto, Austria. Vive en
Estados Unidos.

Tessa Strauss, nieta de sobrevivientes judíos del genocidio Nazi, vive
en Estados Unidos.

Caroline Picker, nieta de sobrevivientes del genocidio Nazi, vive en
Estados Unidos.

Amalle Dublon, nieto y bisnieto de sobrevivientes del Holocausto Nazi,
vive en Estados Unidos.

Antonie Kaufmann Churg, tercer primo de Ann Frank y nieta de
supervivientes, vive en Estados Unidos.

Aliza Shvarts, nieta de supervivientes, vive en Estados Unidos.

Linda Mamoun, nieta de supervivientes, vive en Estados Unidos.

Ted Auerbach, nieto del sobreviviente cuya familia murieron en el
Holocausto, vive en los Estados Unidos.

Bob Wilson, nieto de un sobreviviente, vive en Estados Unidos.

Abby Okrent, nieta de sobrevivientes de Aushwitz, Dachau, Stuttgart y
el gueto de Lodz.

Natalie Rothman, bisnieta de las víctimas del Holocausto en Varsovia.
Ahora vive en Canadá.

Yotam Amit, bisnieto del judío polaco que huyó de Polonia, vive en
Estados Unidos.

Daniel Boyarin, bisnieto de víctimas del genocidio Nazi, vive en
Estados Unidos.

Terri Ginsberg, sobrina de un sobreviviente del genocidio Nazi, vive
en Estados Unidos.

Nathan Pollack, pariente de los supervivientes del Holocausto y las
víctimas, vive en Estados Unidos.

Marcy Winograd y Jackie Hirtz, familiares de las víctimas del
Holocausto, vive en los Estados Unidos.
 

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