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jueves, 21 de julio de 2016

Los niños palestinos también forman parte del mundo...

Y los asentamientos ilegales de Israel les niegan el derecho a una vida libre de violencia, a una vida con educación igualitaria, a una vida sin "check points" a la vida a secas....

viernes, 16 de octubre de 2015

Israel y su monotemática excusa del terrorismo

Publicado originalmente con el título 

Of course, It is an Intifada: This is What You Must Know

Claro que es una Intifada: lo que hay que saber


Traducción para Rebelión de Loles Oliván.

Cuando se publicó mi libro Searching Jenin [En busca de Yenin] poco después de la masacre israelí en el campamento de refugiados de esa ciudad cisjordana en 2002, muchos medios de comunicación y algunos lectores me cuestionaron en varias ocasiones que definiese como “masacre” lo que Israel representaba como una batalla legítima contra “terroristas” del campamento. Ese cuestionamiento estaba orientado a trasladar el discurso de un debate sobre posibles crímenes de guerra a una disputa técnica sobre la utilización del lenguaje. La evidencia de las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel les importaba bien poco.

Este reduccionismo es el que opera frecuentemente en el preludio a cualquier discusión relacionada con el llamado conflicto árabe-israelí: los acontecimientos se representan y se definen utilizando una terminología polarizada que concede escasa atención a los hechos y a los contextos y que se centra esencialmente en las percepciones y en las interpretaciones.
Por lo tanto, a esos mismos individuos también les debe importar poco que haya jóvenes palestinos, como Isra 'Abed, de 28 años, disparado en repetidas ocasiones el 9 de octubre en Afula, y Fadi Samir, de 19, asesinado por la policía israelí unos días antes, que lleven navajas para defenderse y que acaben siendo disparados por la policía israelí.

Hay quienes siempre acabarán aceptando que los hechos son los que relata el discurso oficial de Israel aun cuando haya un vídeo que arroje luz y cuestione la versión oficial israelí y revele, como en la mayoría de los casos, que los jóvenes asesinados no representaban ninguna amenaza. Isra, Fadi, y todos los demás son “terroristas” que ponen en peligro la seguridad de los ciudadanos israelíes y, por desgracia, en consecuencia, tuvieron que ser eliminados.

Esa misma lógica fue la que Israel utilizó durante el siglo pasado cuando lo que hoy se conoce como Fuerzas de Defensa israelíes operaban aún como milicias armadas y bandas organizadas en Palestina antes de que fuera limpiada étnicamente para convertirla en Israel. Desde entonces, esta lógica se ha aplicado en todos los contextos posibles en los que Israel se ha visto supuestamente obligado a utilizar la fuerza contra los “terroristas” palestinos y árabes, contra “terroristas” potenciales, y contra la “infraestructura terrorista”.

Esto nada tiene que ver con qué armas utilizan los palestinos si es que las usan. Tiene que ver con la violencia israelí sustentada en una percepción de una realidad que Israel ajusta a su medida: que es un país asediado cuya existencia está bajo amenaza constante de los palestinos, ya sea de los que resisten utilizando armas o de los niños que juegan en la playa de Gaza. Jamás en la historiografía del discurso oficial israelí se ha constatado una desviación de la norma para explicar, justificar o celebrar la muerte de decenas de miles de palestinos a lo largo de los años: los israelíes nunca tienen la culpa y jamás se apela a un contexto que explique la “violencia” palestina.

La mayor parte de los debates que se están produciendo sobre las protestas en Jerusalén, Cisjordania y últimamente en la frontera de Gaza, se centran en las prioridades israelíes y no en los derechos de los palestinos, lo que claramente supone prejuzgarlas. Una vez más, Israel habla de “disturbios” y “ataques” originados en los “territorios”, como si la prioridad fuera garantizar la seguridad de los ocupantes armados, soldados y colonos extremistas por igual. La lógica mueve a inferir que el estado opuesto a la “agitación”, el de la “calma” y el “sosiego”, solo puede descollar si millones de palestinos aceptan el sometimiento, la humillación, la ocupación, estar sitiados y, de manera habitual, ser asesinados o en algunos casos, linchados o quemados vivos por turbas de judíos israelíes, mientras apechugan con su mala suerte y siguen adelante con su existencia como si todo eso fuera normal.

Así se consigue la vuelta a la “normalidad”; obviamente a un alto precio de sangre palestina y de violencia en monopolio de Israel, cuyas acciones casi nunca se cuestionan; los palestinos pueden entonces asumir el papel de la víctima perpetua y sus amos israelíes seguir gestionando los controles militares, robando territorio y construyendo todavía más asentamientos ilegales en violación del derecho internacional. La cuestión clave en estos momentos no debe ser si algunos de los palestinos asesinados llevaban o no navajas, ni si realmente representaban una amenaza a la seguridad de los soldados y los colonos armados. Más bien, debe centrarse principalmente y en primer término en la violencia que representa la ocupación militar y los asentamientos ilegales en territorio palestino. Desde esta perspectiva, blandir una navaja es un acto irrevocable de legítima defensa; debatir sobre si la respuesta israelí a la “violencia” palestina es desproporcionada o no resulta absolutamente irrelevante.

Elucubrar con definiciones técnicas es deshumanizar la experiencia colectiva palestina. Mi respuesta a los que cuestionaron que utilizase el término “masacre” fue: “¿Cuántos palestinos tendrían que ser asesinados para que se pudiese utilizar el término masacre?” Y por lo mismo, ¿a cuántos tendrán que matar, cuántas manifestaciones tendrán que celebrarse y por cuánto tiempo para que el malestar, la agitación o los enfrentamientos de estos días entre los manifestantes palestinos y el ejército israelí se conviertan en una intifada?

Y ¿por qué debería siquiera llamarse Tercera Intifada? Mazin Qumsiyeh describe lo que está sucediendo en Palestina como la Decimocuarta Intifada. Él debe de saberlo mejor, porque es el autor de un libro excepcional, Popular Resistence in Palestine: a History of Hope and Empowerment [Resistencia Popular en Palestina: Una historia de esperanza y empoderamiento]. Sin embargo, yo sugeriría ir aún más lejos, pues si utilizamos las definiciones referenciales del discurso popular de los propios palestinos son muchas más las intifadas que se han producido. La intifadas –levantamientos– se convierten en tales cuando las comunidades palestinas se movilizan por toda Palestina unificándose más allá de las facciones y las agendas políticas para llevar a cabo una campaña sostenida de protestas, desobediencia civil y otras formas de resistencia popular.

Lo hacen cuando han llegado a un punto de ruptura y sin que el proceso se anuncie en comunicados de prensa o en conferencias televisadas sino que es tácito, y sin embargo, perpetuo.

Hay quienes, aun siendo bienintencionados, argumentan que los palestinos aún no están listos para una tercera intifada, como si los levantamientos palestinos fueran un proceso calculado que se lleva a cabo tras muchas deliberaciones y discusiones estratégicas. Nada puede estar más lejos de la realidad.

Un ejemplo es el de la Intifada de 1936 contra el colonialismo británico y sionista en Palestina. Inicialmente la organizaron los partidos árabes palestinos, que fueron sancionados en su mayoría por el propio gobierno del Mandato británico. Pero cuando los felahin, los empobrecidos campesinos sin estudios, percibieron que su liderazgo se estaba vendiendo –como es el caso en la actualidad– actuaron fuera de los límites de la política lanzando y sosteniendo una rebelión que duró tres años. En aquel momento, como siempre, l os campesinos fueron los que se llevaron la peor parte de la violencia de británicos y sionistas y cayeron en tropel. Aquellos que tuvieron la mala suerte de ser capturados fueron torturados y ejecutados: Farhan al-Sadi, Iz al-Din al-Qasam, Muhammad Yamyum, Fuad Hiyazi son algunos de los muchos líderes de esa generación.

Desde entonces ese escenario se ha repetido constantemente y con cada intifada el precio pagado en sangre es cada vez mayor. Sin embargo, es inevitable que haya más intifadas, ya duren una semana, tres o siete años, porque las injusticias colectivas que experimentan los palestinos siguen siendo el denominador común entre las sucesivas generaciones de campesinos y sus descendientes refugiados.
Lo que está ocurriendo hoy en día es una intifada a la que no hace falta ponerle número porque la movilización popular no siempre sigue la lógica ordenada que algunos requieren. La mayoría de los que están a la cabeza de la intifada actual eran niños o ni siquiera habían nacido cuando la Intifada al-Aqsa se inició en 2000; obviamente no vivían cuando estalló la Intifada de las piedras en 1987. Puede incluso que muchos ignoren los detalles de la Intifada primera de 1936. Esta generación ha crecido oprimida, confinada y subyugada, en total desacuerdo con el léxico engañoso del proceso de paz que ha prolongado una extraña paradoja entre fantasía y realidad. Protestan porque experimentan cotidianamente la humillación y porque tienen que soportar la violencia implacable de la ocupación.

Además han de soportar el sentimiento de la traición del liderazgo palestino, corrupto y vendido. Así que se rebelan e intentan movilizarse y mantener su rebelión tanto como puedan porque no tienen un horizonte de esperanza fuera de su propia acción.

No nos perdamos en los detalles de las definiciones auto-impuestas y de las cifras. Esto es una intifada palestina aunque acabe hoy. Lo que de verdad importa es qué respuesta vamos a dar a las súplicas de esta generación oprimida; ¿seguiremos otorgando más importancia a la seguridad de los ocupantes armados que a los derechos de una nación hostigada y oprimida?

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/10/14/of-course-it-is-an-intifada-this-is-what-you-must-know/

domingo, 31 de agosto de 2014

Todo comenzó un viernes 13

Todo comenzó un viernes 13

SERGIO YAHNI
Director del Centro de Información Alternativa (AIC), Jerusalén

Si el alto el fuego acordado en El Cairo entre Israel y la resistencia
palestina tiene éxito, este último enfrentamiento ha llegado a su
final sin que el Estado de Israel haya logrado imponer ninguno de los objetivos políticos o militares declarados durante estos 74 días.

El viernes 13 de junio, por la mañana, el ejército israelí salió a
erradicar lo que en Israel se conoce como amenaza terrorista. La noche
anterior, tres adolescentes judíos habían sido secuestrados al norte
de la ciudad de Hebrón. La policía, los servicios secretos y el primer
ministro acusaban a Hamás, el Movimiento de Resistencia Islámico, de
estar detrás de los secuestros.

En realidad, los jóvenes habían sido asesinados inmediatamente al
secuestro, y tanto los servicios de seguridad de Israel como el primer
ministro tenían conocimiento de ello. Pero el secuestro y asesinato
fue utilizado como excusa de una operación policial y militar que
pretendía terminar Hamás.

Los servicios de seguridad, la policía y el ejército tenían órdenes de
golpear a una formación política que ya había reconocido su derrota.

Habían pasado poco más de dos semanas desde que Hamás entregara las
riendas del futuro del pueblo palestino a manos del presidente Abbas,
en el pacto de unidad nacional palestino. El golpe militar en Egipto y
la derrota de los Hermanos Musulmanes había llegado al punto de
aceptar la supremacía política y militar del presidente palestino. Una
demanda que desde el 2008 era el único punto en discordia entre la
Dirección de la Autoridad Palestina y la Dirección de Hamás. A cambio,
Hamás esperaba que su suerte mejorara en las próximas elecciones.
Claro está que eran bastante optimistas dada la manera en que se están
desarrollando las condiciones políticas en la región.

En los días siguientes, el ejército de Israel arrestó a unos 530
palestinos, incluyendo a todos los líderes de Hamás en Cisjordania.
Entre los detenidos también se encontraban el portavoz del Consejo
Legislativo Palestino y varios diputados. Cinco palestinos murieron
durante la operación militar.

La ofensiva israelí del viernes 13 de junio de 2014 cambió
radicalmente el desarrollo de este proceso, transformando a Hamás en
la dirección indiscutible de la resistencia nacional palestina, y
relegando a Al Fatah y su dirección a ser meros observadores o
ayudantes tras la expansión de la ofensiva a la Franja de Gaza.

En Israel, la ofensiva tenía la total aprobación de la población y
ninguna fuerza política representada en el Parlamento se atrevió a
demandar cuentas al Gobierno. Es más, el primer ministro Netanyahu es
el primer líder israelí que ha llevado adelante una operación militar
en los últimos 32 años sin tener que enfrentarse a manifestaciones masivas.

Por su parte, Hamás no sólo se encontraba en el peor contexto político
posible, sino que su aislamiento era tan duro que ni siquiera podía
contar con la simpatía humanitaria del pasado: la única alternativa
humanitaria propuesta tanto por Europa como por la Liga Árabe era la rendición.

Por primera vez desde los días de lucha en el gueto de Varsovia, la
resistencia palestina en la Franja de Gaza, un ejército guerrillero,
logró enfrentarse a un ejército regular sin retaguardia. Pero,
contradiciendo toda lógica, la resistencia no sucumbió, al contrario,
tras más de un mes de lucha en el terreno, el ejército de tierra
israelí fue forzado a retirarse de la Franja de Gaza sin haber
conseguido ninguno de sus objetivos. Semanas más tarde, tras la
intensificación de los bombardeos, Israel se ve forzada a aceptar un
alto el fuego que se adapta a las demandas de Hamás.

Según la prensa israelí, el ejército estima que derrotar la
resistencia requeriría un precio que la sociedad israelí no está
dispuesto a pagar. Un escenario de este tipo supondría el sacrificio
de cientos de soldados y un número elevado de soldados israelíes
caerían en manos de la resistencia vivos o muertos. Es más, “limpiar”
la Franja de Gaza de fuerzas de la resistencia después de su ocupación
tomaría, al menos, cinco años.

Sin dar lugar a un debate adecuado en el Gabinete, el primer ministro
evitó llevar los acuerdos de El Cairo a votación y sólo se informó a
los ministros que Netanyahu decidió. El equipo del primer ministro
argumenta que el debate y la votación en el Gabinete no eran
legalmente necesarios.

El acuerdo formulado por Egipto propone que tras un mes de alto el
fuego las partes discutirán la desmilitarización de la Franja de Gaza,
tal como lo demanda Israel, y la construcción de un aeropuerto y un
puerto marítimo, como lo demandan los palestinos. Israel se
comprometió a abrir los pasos fronterizos y permitir la entrada de los
suministros necesarios para la reconstrucción, a extender la zona de
pesca de tres a 12 millas náuticas, y a remover la franja sobre los
límites con Israel, donde se prohíbe entrar a los campesinos palestinos.

Adicionalmente, se han cancelado las restricciones a las
transferencias de dinero a Gaza, de tal manera que se pueda pagar los
salarios de los empleados del Gobierno anterior, encabezado por Hamás.

Tony Blair, emisario del Cuarteto para Oriente Próximo y uno de los
firmantes en las negociaciones en El Cairo, ha declarado que ahora es
el momento de centrarse en la reconstrucción de Gaza a largo plazo
bajo el control de la Autoridad Palestina.

“Dicho plan permitiría una mejor vida para la población civil en Gaza
y la seguridad de los ciudadanos de Israel”, dijo el ex primer
ministro británico, sin darse cuenta de que las relaciones de fuerza
en la política palestina han cambiado. Muy poco le importa a la
población palestina la “seguridad de Israel”, y la única autoridad que
mantiene el presidente palestino es el haber sido parte de los
mediadores en El Cairo. No es de esperar que la población palestina
esté dispuesta a canjear lo que se consiguió con sacrificio en el
campo de batalla por un plato de lentejas.

La estrategia militar israelí asume que la presión militar sobre la
población civil llevará a ésta a demandar que los guerrilleros
entreguen sus armas. Por lo tanto, la población civil fue el principal
objetivo de los bombardeos israelíes llevando al ejército de Israel al
fracaso. De la misma manera, fracasarán los mediadores que no
comprendan que el pueblo palestino decidió marchar por su libertad,
soberanía e independencia.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Preparar la próxima guerra antes de que se enfríen las armas





 Meir Margalit · · · · Agosto 10 del 2014


El encabezamiento de un articulo publicado en el Jerusalem Post del pasado 3 de agosto, dias antes de concertado el cese de fuego, firmado por Eric Mandel, me ha dejado atónito, pasmado. Su título dice así: "Lessons to learn before the next war"(”Lecciones para la próxima guerra). La guerra continuaba, los tanques seguian haciendo estragos, gente de ambos bandos continuaban muriendo y matandose mutuamente, pero el redactor de esta nota, hombre sin duda precoz y clarividente, ya se apresura a hacer balance y a extraer las conclusiones necesarias a fin de preparar al pais para la guerra que se avecina, esta vez contra las milicias de Hizbollah en el Libano.

Consciente que el arsenal de Hizbollah contiene 100.000 misiles de mayor precision que los disparados por Hamas y, a sabiendas que la próxima guerra cobrará muchas mas vidas que la actual, este señor de la guerra no hace un llamado a prevenirla, a evitar mayor derramamiento de sangre, sino por el contrario, incita al gobierno a comenzar inmediatamente a pulir las espadas, planificar detalladamente los proximos ataques, preparar minuciosamente la defensa civil, organizar más eficazmente los medios de destruccion masiva.


Esta nota delirante no deberia preocuparame demasiado, si no reflejara fehacientemente la opinión pública israelí y revelara la linea política predominante en el actual gobierno israelí. Cada guerra es el prolegómeno de la proxima refriega, cada batalla es el ensayo general de la próxima contienda, aquella que ya se está gestando y será mas sangrienta que la anterior. Este es el producto de un pais incapaz de solucionar sus conflictos fuera del uso de la fuerza. Un pais cuyo abanico de opciones para encarar las relaciones con sus vecinos va del uso de la fuerza bruta hasta el uso de la fuerza feroz.

 En su mundo conceptual no hay espacio para la negociación, no existen las vias pacíficas, desconoce otra opción que no sea militar. Se trata de un tipo de incapacidad psicologica, de atrofia mental, que retiene a sus lideres anquilosados en la fase bélica de su historia. Parecería que Israel no puede prescindir de ningún enemigo de turno, y necesita siempre de alguna batalla para sentirse realizado. Esta estrechez mental es producto del peso excesivo del ejercito en la sociedad israeli, una institucion que obviamente desconoce otra lengua que no sea miltar, cuya mirada es tan angosta como el angulo de la mira telescópica de sus rifles y que nunca, nunca, se sentirá saciado, porque toda contienda que emprenda, concluira con la sensacion de que necesitaba unos días más para destrozar al enemigo y que de no ser por la incapacidad del gobierno de soportar la presion internacional, la batalla hubiera concluido con un gran triunfo.

"Frustración"- así define un general el sabor con el que ha finalizado la contienda- ¡"sensación de que hemos echado por la borda una oportunidad"! Que triste saber que depositamos la vida de nuestros hijos en sus manos. La historia de Israel se ha convertido en una sucesion fatal de guerras, en un déjà vuperverso, morboso. Muchos dirán que desde siempre así ha sido la historia del pueblo judio, de pogrom en pogrom, pero ese fue precisamente el motivo por el cual surgió el movimiento sionista: para romper esa cadena de penurias y sufrimientos. Desde esa perspectiva, la historia de Israel es la prueba del fracaso sionista.

A 66 años de la Nakba, tal vez ese sea el gran logro de la resistencia palestina: la transformación de Israel en un dantesco campo de batalla cuyos habitantes estan condenados a luchar incesántemente, dónde la vida no es mas que un factor circunstancial, en constante peligro de muerte. Obviamente, de esta forma no es posible mantener un pais a largo plazo: a este ritmo, el pais se desgasta solo, se va consumiendo día a día.

Lo que los paises árabes no han conseguido en el campo de batalla, lo hemos logrado los israelíes con nuestras propias manos en el campo social. Esta estructura mental es el peligro mas serio que enfrenta israel. Este es el area en la que el pacifismo israelí debe concentrar su labor. Esta es la prueba contundente de cuan imperiosamente necesaria es nuestra labor.


Meir Margalit es miembro del Consejo editorial de Sin Permiso, residente en Jerusalem y un activo militante del campo por la paz israelí.

Nota del editor: Contra el antisemitismo la mejor defensa que tenemos los judíos es pedir que Israel deje de usarnos como pretexto, pues como dice el refran mexicano, aunque somos del mismo barro no da lo mismo bacín que jarro.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Del Discurso del Odio en Israel

(tomado de La Jornada, miercoles, 6 de agosto de 2014
http://www.jornada.unam.mx/2014/08/06/opinion/021a1pol )
 
Del discurso del odio en Israel
José Steinsleger 
 
 
 
 
 
Hace unos días, en un diario de México, leí un sugerente artículo
suscrito por el kapo de la conocida franquicia de irresponsabilidad
cultural ilimitada, Vargas Llosa & asociados. El texto se llama El
discurso del odio, que en su primer párrafo dice:
 
“Sorprende y entristece el avance del discurso del odio. Su radical
intolerancia frente al otro, frente a lo otro, es característica de
los fanatismos de la identidad, ya sea religiosa, racial, nacional,
ideológica. Pero su hábitat preferido no es la fe sino la mala fe. Sus
armas son conocidas, y pueden ser letales…”
 
¿Cómo disentir de tan atinadas palabras? ¿Cómo no situarlas en el polo
opuesto del decreto religioso emitido por el rabino Dov Liot, conocido
por su apoyo a Baruch Goldstein, quien mató a 29 fieles musulmanes en
una mezquita de Hebrón (1994), y el asesinato, un año después, del
primer ministro sionista Isaac Rabin?
 
Liot vive en el asentamiento ilegal de Kiryat Arba (Cisjordania),
donde dijo que, con base en la religión judía, era lícito matar
civiles inocentes y destruir Gaza. Añadió: no hace falta cerciorarse
de que las personas atacadas son combatientes o civiles... cualquier
tipo de charla sobre humanismo y consideraciones humanitarias es discutible.
 
En Israel, Liot tiene muchos seguidores, no necesariamente religiosos.
Por ejemplo, la joven y bellísima diputada Ayelet Shaked, del Partido
Hogar Judío, escribió el 7 de julio pasado en Facebook: “… la sangre
de los palestinos debe estar en nuestras manos”. Y que esto también se
aplica a “las madres de los muertos terroristas que crían serpientes…”
 
Días después, el reportero danés Alian Sorensen cargó en Twitter las
imágenes de ciudadanos israelíes en una colina aledaña a la ciudad de
Sderot (vecina a Gaza), animando los bombardeos de precisión desde
sillas de plástico, y comiendo palomitas de maíz. Imágenes que ya
habían sido documentadas en un reportaje de Dinamarca TV2 durante la
operación Plomo Endurecido (2009).
 
¿Estaba entre ellos el reconocido académico Mordechai Kedar, de la
Universidad de Bar Ilan (Tel Aviv)? En un programa de radio, Kedar
declaró que “…lo único que prevendría un ataque suicida es que
supieran (los terroristas) que, de ser atrapados, su hermana o su
madre serán violadas”. Pero como Israel es la única democracia de
Oriente Medio, el entrevistador Yossi Hadar disintió del profesor:
“Suena mal –dijo–; no podemos tomar ese tipo de medidas”.
 
Kedar, sin embargo, sabía de lo que hablaba. Pues no es cosa que de
buenas a primeras cualquiera cuestione la excelencia académica de un
catedrático especializado en literatura árabe, que estuvo trabajando
25 años para la inteligencia militar de su país, especializado en
grupos islámicos.
 
Desde el frente de combate, lejano de los debates serios y profundos,
el soldado David Ovadia presumió, mediante Instagram, de haber
asesinado a 13 niños palestinos. Hoy he matado a 13 niños. ¿Será
verdad? Ah… ¡estos muchachos! ¿No habrán sido tres o menos de cinco?
 
Para evitar el discurso del odio, el periodista serio y responsable
debe cotejar sus fuentes, y no basarse, como dice el autor del
artículo referido, “…en testimonios aislados, unilaterales (y hasta
anónimos) sin respetar la máxima fundamental del derecho: la carga de
la prueba recae en el acusador, no en el acusado”.
 
Idem…atinado. Por consiguiente, sería calumnioso asegurar que todos
los judíos del Estado terrorista de Israel coinciden con sus
gobernantes. Porque el Instituto por la Democracia de la Universidad
de Tel Aviv y un sondeo del Canal 10 revelaron que sólo 85 por ciento
están satisfechos o muy satisfechos con el liderazgo de Benjamin Netanyahu.
 
Naturalmente, en la única democracia de Medio Oriente también hay
lugar para las discrepancias. El Ejército y el gobierno, por ejemplo,
discuten sobre la necesidad de prolongar la invasión, y el ministro de
Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, acusó a Netanyahu de titubeante.
 
No hay, en suma, que guiarse por los chismes que circulan en la web,
como los del portavoz de la policía israelí, Micky Rosenfeld, quien en
una entrevista con la cadena británica BBC afirmó que “…no existe
vínculo alguno entre Hamas y el asesinato de los tres jóvenes colonos
israelíes” (o sea, el pretexto para de­satar el nuevo capítulo en
cámara lenta del holocausto palestino).
 
Lo importante es orientarse (eso sí, sin estridencia) por medios como
The Times of Israel, que informó de la recuperación de una lechuza
herida por el fuego de Hamas. ¡Pinches fanáticos islamitas! En su
edición del 25 de julio, el diario relata la hazaña de Ben, estudiante
de veterinaria, que encontró el ave herida y la llevó al zoológico
“…cuando disminuyó el fuego de cohetes de Gaza”. Ben está indignado:
¡la lechuza perdió un ojo y tiene el pico roto!
 
Y en medio de tanto discurso del odio, Jesse Rosenfeld (periodista del
sitio DailyBeast.com), entrevistó en Gaza a la niña Yasmine al Attar,
habitante de Gaza, de 10 años.
 
–¿Qué quieres ser de grande?
 
–No sé si viviré.
 

domingo, 3 de agosto de 2014

Pesadilla en Gaza



Noam Chomsky *



Entre todos los horrores desplegados en la más reciente ofensiva
israelí en Gaza, el objetivo de Tel Aviv es simple: volver, a la chita
callando, a la norma.

En Cisjordania, la norma es que Israel continúe su construcción ilegal
de colonias e infraestructura para poder integrar a su territorio
cualquier cosa que pueda ser de valor, mientras confina a los
palestinos en cantones inviables y los sujeta a represión y violencia.

En Gaza, la norma es una existencia miserable bajo un sitio cruel y
destructivo, que Israel administra para permitir apenas la
subsistencia, pero nada más.

La más reciente escalada israelí fue disparada por el brutal asesinato
de tres muchachos de una comunidad de colonos en Cisjordania ocupada.
Un mes antes, dos chicos palestinos fueron muertos a tiros en la
ciudad de Ramalá, en esa misma zona. Ese hecho despertó poca atención,
lo cual es entendible, puesto que es rutina.

“El desdén institucionalizado por la vida de los palestinos en
Cisjordania explica no sólo por qué recurren a la violencia –escribe
Mouin Rabbani, analista de Medio Oriente–, sino también el más
reciente ataque israelí a la franja de Gaza.”

En una entrevista, el defensor de derechos humanos Raji Sourani, que
ha permanecido en Gaza durante los años de brutalidad y terror
israelí, señaló: “La frase que con más frecuencia escuchaba cuando la
gente empezaba a hablar de un cese el fuego era: ‘todos dicen que es
mejor para nosotros morir y no regresar a la situación que teníamos
antes de esta guerra. No queremos eso de nuevo. No tenemos dignidad ni
orgullo; sólo somos blancos fáciles, y muy baratos. Si la situación no
mejora en verdad, es mejor morir’. Hablo de intelectuales, académicos,
personas comunes y corrientes. Todos lo dicen”.

En enero de 2006, los palestinos cometieron un crimen grave: votaron
por quien no debían en una elección libre cuidadosamente vigilada, y
entregaron el control del parlamento a Hamas.

Los medios proclaman constantemente que Hamas está dedicado a la
destrucción de Israel. En realidad, los líderes de Hamas han dejado en
claro en repetidas ocasiones que aceptarían una solución de dos
estados, de conformidad con el consenso internacional que ha sido
bloqueado por Estados Unidos e Israel durante 40 años.

En contraste, Israel, fuera de unas cuantas palabras vanas, está
dedicado a la destrucción de Palestina, y se aplica en ese cometido.

El crimen de los palestinos en enero de 2006 fue castigado de
inmediato. Estados Unidos e Israel, con la vergonzosa adhesión de
Europa, impusieron severas sanciones a la población errante e Israel
incrementó su violencia.

Rápidamente, Estados Unidos e Israel empezaron planes para un golpe
militar que derrocara al gobierno electo. Cuando Hamas tuvo el descaro
de revelar los planes, los ataques israelíes y el sitio se volvieron
mucho más severos.

No debería haber necesidad de revisar el deplorable historial de lo
ocurrido desde entonces. El sitio implacable y los salvajes ataques
son acentuados por episodios de cortar el césped, para tomar prestada
la alegre expresión con que designa Israel sus periódicos ejercicios
de tirotear a los peces en el estanque como parte de lo que llama
guerra de defensa.

Una vez que cortan el césped y los desesperados pobladores buscan
reconstruir algo después de la devastación y los asesinatos, se
acuerda un cese del fuego. El más reciente se estableció después del
asalto israelí de octubre de 2012, llamada operación Pilar de Defensa.

Aunque Israel mantuvo el sitio, Hamas observó la tregua, como concede
Tel Aviv. Las cosas cambiaron en abril de este año, cuando Fatah y
Hamas forjaron un acuerdo de unidad que instauró un nuevo gobierno de
tecnócratas, sin afiliación a ninguno de los dos partidos.
Naturalmente, Israel estaba furioso, y más aún cuando hasta el
gobierno de Obama se unió a Occidente en indicar aprobación. El
acuerdo de unidad no sólo socava la aseveración de Israel de que no
puede negociar con una Palestina dividida, sino también amenaza el
objetivo de largo plazo de separar Gaza de Cisjordania y proseguir sus
políticas destructivas en ambas regiones.

Algo tenía que hacerse, y la ocasión se presentó el 12 de junio,
cuando los tres jóvenes israelíes fueron asesinados en Cisjordania. En
un principio el gobierno de Netanyahu sabía que estaban muertos, pero
fingió que lo ignoraba, lo cual dio la oportunidad de lanzar una
incursión en Cisjordania, con Hamas por objetivo.

El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó tener cierto conocimiento
de que Hamas era el culpable. También resultó mentira.

Una de las principales autoridades sobre Hamas, Shlomi Eldar, informó
casi de inmediato que muy probablemente los asesinos procedían de un
clan disidente de Hebrón que desde hace mucho tiempo ha sido una
espina en el costado de Hamas. Eldar añadió: Estoy seguro de que no
recibieron luz verde de la dirigencia de Hamas; sólo les pareció que
era momento de actuar.

Sin embargo, la escalada de 18 días después del secuestro logró minar
el temido gobierno de unidad, e incrementó drásticamente la represión
israelí. Israel también llevó a cabo docenas de ataques en Gaza, y el
7 de julio dio muerte a cinco miembros de Hamas.

Al final Hamas reaccionó disparando sus primeros cohetes en 19 meses,
lo cual dio pretexto a Israel para lanzar su operación Borde Protector
el 8 de julio.

Al 31 de julio se había dado muerte a unos mil 400 palestinos, en su
mayoría civiles, entre ellos cientos de mujeres y niños. Y a tres
civiles israelíes. Grandes áreas de Gaza habían quedado reducidas a
escombros. Cuatro hospitales habían sido atacados; cada ataque fue un
crimen de guerra más.

Funcionarios israelíes exaltan la humanidad del que llaman el ejército
más ético del mundo, que informa a los habitantes de que sus hogares
serán bombardeados, práctica que es sadismo disfrazado santurronamente
de piedad, en palabras de la periodista israelí Amira Hass: Un mensaje
grabado demanda a cientos de miles de personas que dejen sus hogares
ya elegidos como blancos, por otro lugar igualmente peligroso ubicado
a 10 kilómetros de distancia.

De hecho, no hay lugar en la prisión de Gaza que esté a buen resguardo
del sadismo israelí, que puede incluso exceder los terribles crímenes
de la operación Plomo Fundido de 2008-09. Las terribles revelaciones
suscitaron la reacción acostumbrada del presidente más moral del
mundo, Barack Obama: gran simpatía por los israelíes, acerba condena
de Hamas y llamados a la moderación a ambas partes.

Cuando los ataques actuales se detengan, Israel espera quedar libre
para continuar sin interferencia sus políticas criminales en los
territorios ocupados, con el apoyo estadunidense que ha disfrutado en
el pasado. Y los pobladores de Gaza quedarán en libertad de regresar a
la norma en su prisión gobernada por Israel, en tanto en Cisjordania
los palestinos podrán observar en paz cómo Israel desmantela lo que
quede de sus posesiones.

Tal es el desenlace probable si Estados Unidos mantiene su apoyo
decisivo y virtualmente unilateral a los crímenes israelíes y su
rechazo al consenso internacional que desde hace tanto tiempo existe
en torno a un acuerdo diplomático.

Pero el futuro sería muy distinto si Washington retirara ese apoyo. En
ese caso sería posible avanzar hacia la solución duradera en Gaza a la
que ha convocado el secretario de Estado John Kerry, la cual ha
suscitado condena histérica en Israel porque la frase podría
interpretarse como un llamado a poner fin al sitio y a los ataques
constantes israelíes. Y –horror de horrores– la frase podría incluso
interpretarse como un exhorto a aplicar el derecho internacional en el
resto de los territorios ocupados.

Hace 40 años Israel tomó la fatídica decisión de elegir la expansión
sobre la seguridad, rechazando un tratado total de paz ofrecido por
Egipto a cambio de la evacuación del Sinaí egipcio ocupado, donde
Israel emprendía proyectos intensivos de colonización y desarrollo.
Desde entonces Tel Aviv se ha adherido a esa política.

Si Estados Unidos decidiera unirse al mundo, el impacto sería grande.
Una y otra vez Israel ha abandonado planes anhelados si Washington se
lo demanda. Así son las relaciones de poder entre los dos gobiernos.

¿Podría cambiar la política estadunidense? No es imposible. La opinión
pública ha tenido un giro considerable en años recientes, en
particular entre los jóvenes, y no puede ignorarse por completo.

Durante algunos años ha habido buen fundamento para las demandas
públicas de que Washington observe sus propias leyes y reduzca la
ayuda militar a Israel. La ley estadunidense estipula que no se puede
brindar asistencia en seguridad a ningún país cuyo gobierno siga una
pauta consistente de graves violaciones de los derechos humanos
reconocidos internacionalmente.

Israel, sin duda, es culpable de esa pauta consistente, y lo ha sido
por muchos años. El senador Patrick Leahy, de Vermont, autor de esa
disposición legal, ha mencionado su aplicabilidad potencial a Israel
en casos específicos, y con un bien dirigido esfuerzo educativo, de
organización y de activismo, es posible impulsar con éxito tales iniciativas.

Eso podría tener un impacto muy significativo por sí mismo, y a la vez
daría una plataforma para acciones ulteriores con el fin de obligar a
Washington a volverse parte de la comunidad internacional y observar
las normas del derecho internacional.

Nada podría ser más significativo para las trágicas víctimas de tantos
años de violencia y represión en Palestina.

* Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el
Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, Mass, EU.

(©) 2014 Noam Chomsky

Distributed by The New York Times Syndicate

Traducción: Jorge Anaya

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